La Casa de las Cuatro Torres

La Casa de las Cuatro Torres

 

La Casa de las Cuatro Torres, construida entre 1736 y 1745 y catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC), es tal vez el mejor ejemplo de las Casas de Cargadores de Indias a las que ya nos hemos referido. Es un edificio de estilo neoclásico gaditano, un estilo heterodoxo, propio y particular de Cádiz, donde la sobriedad, la simetría y los elementos decorativos se complementan con el uso puntual de decoración barroca tardía, tan frecuente en Andalucía.

 

La casa está rematada con las peculiares torres miradores gaditanas en sus cuatro esquinas y se caracteriza por la decoración en almagra pintada y la incorporación de elementos arquitectónicos marcadamente gaditanos: bóvedas, cúpulas, tragaluces, merlaturas, aljibe… Como en la fecha de construcción del edificio las ordenanzas urbanísticas prohibían que las casas tuvieran más de una torre mirador el propietario hizo construir cuatro casas independientes dentro de un mismo edificio.

 

Su posición cercana al puerto y a la aduana (actual edificio de Diputación) era envidiable para cerrar negocios o acopiar mercancías. La majestuosidad de sus torres contrasta con la sobriedad de sus fachadas. Mientras que las suntuosas torres indicaban la posición social y riqueza del propietario el austerísimo interior daban total funcionalidad y seriedad al espacio como lugar de negocios. Realmente parece que Fragela construye la Casa de Las Cuatro Torres como sede de su compañía, adelantándose con ello en varios siglos a las costumbres comerciales de hoy en día.

 

Era una casa para vivir, en la que muchas habitaciones estaban alquiladas durante largo tiempo a personas que esperaban en la ciudad la salida de sus barcos hacia América (un uso “hotelero” que se recupera ahora tras la restauración), pero también era una casa para trabajar, cerrar acuerdos comerciales o almacenar pertrechos.

 

Todos los edificios de su entorno están llenos de influencias de ambos lados del Atlántico. Es una arquitectura fruto de un extraordinario ambiente cosmopolita. Por la singularidad, tamaño del edificio, protagonismo histórico del edificio y de su propietario, estado de conservación y diversidad de elementos conservados la Casa de las Cuatro Torres es un monumento único y genuino del patrimonio cultural de Andalucía y un hito de la ciudad de Cádiz.

 

La espectacular vista que se contempla desde sus torres, especialmente desde la del hotel, única que dispone de óculos (ventanas pequeñas) en la cúpula de la garita, hace suponer que ha sido atalaya privilegiada desde la que se ha contemplado el devenir de la historia y la intensa relación de ésta ciudad con el mar.

El Hotel Casa de las Cuatro Torres

 

A partir de los años 60 del siglo pasado la casa comienza a sufrir el abandono de sus propietarios, y pese a que en abril de 1976 es declarada Bien de Interés Cultural se abandona y alcanza un lamentable estado de deterioro, que solo finaliza en el año 2015 cuando se pone en marcha el proyecto de restauración integral cuyo resultado está usted viendo.

 

En este proceso de restauración se ha tenido en cuenta la estructura original de la casa, en la que apenas se ha intervenido. Todas las divisiones nuevas de los espacios se han ejecutado en tabiquería de escayola, para que puedan ser fácilmente reconocibles.

 

Excepto contadas unidades todas las puertas de los aseos y todos los lucernarios que hay en ellos, así como el mostrador de recepción, la barra de la cafetería y otros muchos detalles han sido fabricando por carpinteros artesanos en la propia obra, utilizando ventanas, puertas y maderas que ya estaban la casa. Todas las maderas han sido tratadas con aceite de linaza y ceras naturales, los mismos materiales que se usaban para esto en el siglo XVIII.

 

Los suelos del zaguán de entrada y del patio son de mármol italiano procedente de las canteras de Carrara. Son originales del siglo XVIII y se han recuperado también de la propia obra.

 

Los morteros de las paredes son artesanos, procedentes de la sierra de Morón, en la vecina provincia de Sevilla, donde son famosas las canteras de piedra caliza. Estos morteros han sido aplicados manualmente siguiendo las mismas técnicas de aplicación que se utilizaron originalmente. No están pintados. Su color es el propio de los áridos que se han utilizado para fabricarlo.

 

En casi todas las habitaciones hay una pared que no se ha revestido para que el visitante pueda conocer y apreciar la belleza de los materiales naturales con los que se construía en Cádiz en el siglo XVIII: piedra ostionera –una piedra fósil marina formada por un conglomerado de arena y conchas que se pueden aprecias a simple vista-, ladrillo de barro, mortero de cal… Estas paredes han sido tratadas con silicatos consolidantes para protegerlas.

 

También se utilizaba mucha madera que en ocasiones procedía de los barcos que se hundían o desguazaban en la bahía.

En el salón de la planta baja también se ha dejado visto el arco de piedra ostionera de preciosa factura que durante años estuvo tapiado con tabiques hasta que fue descubierto en la restauración.

 

Todas las habitaciones reciben el nombre de marinos ilustres del siglo XVIII que nacieron o pasaron parte significativa de sus carreras en Cádiz. Todos ellos dejaron un hondo legado en la ciudad y en la historia de España que se explica en cada habitación. En todas ellas hay además elementos decorativos alusivos al propio personaje.

 

La rotulación de las habitaciones también es artesanal. La ha realizado en cerámica un artesano local utilizando el diseño de los azulejos que indican desde el siglo XVIII los nombres de las calles de la ciudad.

 

Solo el apartamento “Juan Sebastián Elcano”, en la planta baja, no se corresponde con un marino del siglo XVIII, pues como es bien sabido Elcano fue el primer marino que, en 1522, completó la primera circunnavegación del planeta.

 

El motivo de dedicarle una habitación se justifica en que el espacio que ocupa ese apartamento, junto al actual salón y el otro apartamento de la planta baja, estuvieron ocupadas durante gran parte del siglo pasado por las oficinas en Cádiz de la “Sociedad Española de Construcción Naval”, magnífico astillero que nace de las sucesivas trasformaciones de otros más antiguos que hubo en la ciudad, como fue el caso de “Echevarrieta y Larrinaga”, que en 1927 construyó en Cádiz el actual buque escuela de la Armada Española.

 

Este velero, que fue bautizado precisamente con el nombre de “Juan Sebastián Elcano”, es hoy uno de los más antiguos del mundo y el que más millas lleva navegadas (más de un millón seiscientas mil), y se ha convertido en un símbolo de la ciudad de Cádiz, de la que hace de embajador por todos los mares del mundo.

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Cádiz en el siglo XVIII

 

Desde 1717 hasta 1765 Cádiz disfruta del monopolio de las relaciones comerciales entre Europa y América. Durante ese periodo estuvo en Cádiz la “Casa de Contratación”, que era el organismo que, desde después del descubrimiento de América, regulaba todo el comercio con ese continente. Cualquier mercancía que iba o venía de América tenía que pasar por Cádiz.

 

Es en esta época, conocida como el “siglo de oro del comercio gaditano”, cuando se establecen en la ciudad numerosos “Cargadores de Indias”, nombre que recibían los empresarios que comerciaban con América.

 

Gracias al auge económico de estos años Cádiz se transforma en una de las mayores ciudades de España -la quinta tras Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla- y también en una de las más ricas de Europa.

 

A lo largo del siglo XVIII la población de Cádiz pasó de 40.000 a 80.000 habitantes, sin contar con la población flotante, que sumaría otras 20.000 personas, muchas de las cuales vivían a bordo de los barcos que permanecían fondeados en la Bahía.

 

La ciudad tuvo durante esos años una dedicación casi exclusiva al comercio, y el ambiente mercantil se hizo notar en todos los aspectos de la vida social. En Cádiz había tres teatros y más de treinta cafés, que eran lugar de reunión y de tertulias literarias. Todo ello se vio influido por el ambiente cosmopolita que le daba la amplia presencia de extranjeros, en espacial italianos y franceses, que suponían casi el diez por ciento de la población y que trajeron, lo primeros, el gusto por la arquitectura y por la ópera, y los segundos la difusión de libros e ideas ilustradas. Además de éstos también había en la ciudad grandes colonias de irlandeses, ingleses, portugueses u holandeses.

 

Con el traslado a Cádiz de la Casa de Contratación la ciudad se impregnó de un espíritu americano que se notó en el habla, la forma de vestir, el folcklore, la alimentación o la botánica. La ciudad era una extensión de América en Europa… sus jardines se adornaba con ombúes, dragos, ficus o jacarandas…

 

Las casas de Cargadores de Indias, con sus altas torres desde las que se vigilaba el trajín de barcos en la Bahía, proliferaron en la ciudad, estrechamente vinculadas a la Casa de Contratación. Por éste motivo este tipo de construcción solo se encuentra en los lugares del Atlántico andaluz próximos a sus dos sedes históricas, siendo muy diferentes las gaditanas de las sevillanas.

Juan Clat Fragela

 

Uno de estos Cargadores de Indias, tal vez el más famoso, fue el sirio Juan Clat Secanichi, conocido como “Fragela”, nacido en Damasco en 1656. Era hijo de Lut Fie Clat y de Agustina Sacachini. Llegó a Cádiz en el año 1683, con 27 años.

 

Por sus ascendientes familiares estuvo muy vinculado a los italianos y griegos asentados en oriente y se dedicó en un principio al comercio de telas.

 

Pronto empezó a interesarse por los negocios extramediterráneos y desde 1709 era vecino de Cádiz, donde tenía un comercio de mercaderías en la calle Flamencos y donde había venido a vivir atraído por los grandes intercambios comerciales que se producían desde la ciudad entre la España americana y la europea. En 1725, con 69 años, obtuvo carta de naturaleza española lo que le permitió comerciar con el Nuevo Continente. Vivió en la ciudad hasta su muerte el día 23 de marzo de 1756, con más de 100 años.

 

Fragela acumuló una de las mayores fortunas de su tiempo y participó en negocios repartidos por todo el globo terráqueo. De su matrimonio con Margarita Nuñez Chacón no tuvo hijos, por lo que gran parte de su fortuna la destinó a mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos.

 

Como próspero hombre de negocios rápidamente se ganó un sitio de prestigio en la ciudad, a la que favoreció con grandes sumas de dinero para fines benéficos. Incluso llegó a sufragar de sus propios fondos el total de las obras de la Casa de Viudas y Huérfanos, conocida hoy como “Casa Fragela”, que está situada en la plaza del mismo nombre, frente al Teatro Falla y junto a la Facultad de Medicina.

 

En su testamento dejó indicado a sus socios y albaceas Pablo Capitanichi y Rodolfo Bosichi, que destinaran una importante partida al mantenimiento de los servicios de esa casa de acogida y orfanato que cubrió sus gastos hasta mucho después de su muerte.

 

En el Museo de las Cortes, situado en la Calle Santa Inés, junto al Oratorio de San Felipe Neri, donde se promulgó la primera constitución española, se conserva un retrato de Fragela. En este museo es digna de visitarse la espléndida maqueta de la ciudad de 12 x 7 metros, realizada en caoba y marfil por encargo de Carlos III entre 1777 y 1779, en la que ya está la Casa de las Cuatro Torres.